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Cómo gestionar las peticiones de los invitados sin perder la sesión

Las cuatro formas de recoger peticiones en una boda, lo que funciona y lo que no de cada una, y cómo decir que no sin quedar mal.

Oficio de DJ 6 min de lectura

Ningún DJ de bodas tiene un problema con que le pidan canciones. El problema es cuándo te las piden, cómo te llega la petición y qué pasa cuando dices que no. Y esas tres cosas sí se pueden organizar de antemano.

Las cuatro formas de recoger peticiones

En la práctica solo hay cuatro, y cada una tiene un precio distinto. Conviene saber cuál estás pagando.

El invitado que se planta en la cabina. Es la opción por defecto, es decir, la que sale cuando no has elegido ninguna. Llega en el peor momento posible —estás preparando la siguiente, con la pista llena— y suele venir con dos copas de más y con prisa. Lo peor no es la interrupción: es que negocias de pie, delante de gente, y lo que respondas se oye.

La libreta o los papelitos en la mesa. Mejor que lo anterior porque te lo quita de encima durante el baile, pero acabas con treinta papeles con letra ilegible, canciones repetidas y ninguna forma de saber cuáles importan de verdad. Y participa quien se acuerda de que hay una libreta, que suelen ser cuatro.

El formulario que mandan los novios meses antes. Bienintencionado y casi siempre inútil. Lo rellena el diez por ciento de los invitados, en frío, pensando en la canción que les representa y no en la que quieren bailar. Y llega tan pronto que para la boda ya nadie se acuerda de lo que puso.

Un QR en las mesas durante el banquete. Los invitados piden y votan desde el móvil mientras cenan, y tú recibes una lista ordenada por votos antes de que se abra la pista. Es la única de las cuatro que te da lo que de verdad necesitas: no una petición suelta, sino una idea de qué quiere ese salón concreto.

Por qué el banquete y no la pista

Este es el punto que más se malinterpreta, así que merece la pena detenerse. La objeción razonable es: «no quiero a doscientas personas con el móvil en la mano en mitad de mi sesión». Y es correcta. Por eso el sitio no es la pista.

Durante el banquete la gente ya tiene el móvil encima. Está sentada, entre plato y plato, y lleva un rato con conversación de mesa. Es el único momento de la boda en el que pedir una canción no le quita nada a nadie. Además piensan mejor: se acuerdan de la canción de su cuadrilla, votan la que ha puesto otro, discuten un poco entre ellos. Sale una lista bastante más honesta que la de las prisas.

Y luego está el efecto que casi nadie prevé: cuando se abre la pista, los móviles se guardan. Ya han pedido lo suyo, y lo único que les queda es esperar a ver si suena. Es justo lo contrario de lo que teme todo el mundo.

La lista no manda: ordena

Conviene tenerlo claro antes de proponérselo a nadie, porque es la pregunta que te van a hacer los novios y la que te vas a hacer tú. Una lista de peticiones ordenada por votos no es una orden de trabajo. Es información sobre una gente a la que acabas de conocer.

Tú sigues decidiendo qué entra, en qué orden y con qué se enlaza. Si la más votada es una balada y son las dos de la mañana, la balada no entra, o entra tres horas después. La diferencia con no tener lista es que dejas de adivinar las tres primeras canciones y corregir sobre la marcha: llegas a la apertura sabiendo por dónde va el salón.

Y hay una parte que no está en ninguna lista previa: casi siempre aparecen dos o tres temas que ni los novios ni tú habríais puesto, muy votados, que acaban siendo los de la noche. Suelen ser regionales, o de una peña concreta, o el chiste privado de una mesa entera.

Cómo decir que no sin quedar mal

Vas a rechazar peticiones igualmente, así que vale la pena tener la respuesta preparada. Tres cosas que funcionan:

Nunca un «no» a secas. «La tengo y la guardo para luego» cierra la conversación sin humillar a nadie. Eso sí, si lo dices, cúmplelo cuando se pueda: la gente se acuerda.

Si la canción está vetada, dilo así. Muchas parejas dejan una lista de prohibidas —la de la ex, la que incomoda a la familia— y es la excusa perfecta, porque además es verdad. «Esa me la han bloqueado los novios» no admite discusión y no te deja a ti de malo.

Que el no no sea tuyo. Este es el cambio grande. Cuando las peticiones llegan por una lista con votos, el que pide ve que su canción está la decimosexta y que hay quince por delante con más apoyo. El rechazo deja de ser el DJ que no quiere y pasa a ser el resto del salón que ha votado otra cosa. Te ahorra la mitad de las conversaciones de cabina.

Lo que te llevas al día siguiente

Una cosa más, que se nota a partir de la décima boda. Si recoges las peticiones de forma ordenada, cada boda te deja un registro de qué se pidió y qué se votó. Con una temporada entera tienes datos reales de lo que funciona por tipo de boda, por edad media y por zona.

Eso no te lo da la libreta de papelitos, y es lo que separa a un DJ que lleva diez años pinchando de uno que lleva diez años mejorando.

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